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 La lucha contra principados y potestades según Efes. 6:10-17, por Dra Irene Foulkes Minimizar
Ubicación: BlogsBlogs de Juan Stam    
Publicado por: juanstam 04/10/2009

Publicado en Vida y Pensamiento, vol. 23, #2 (2003)

 

¿Cómo resistir el mal en el mundo?

La lucha contra ''principados y potestades''

 según Efesios 6.10-17

 

Irene Foulkes

 Universidad Bíblica Latinoamericana

 

1.  El punto de partida y el recurso a la Biblia

 

El problema que motiva este estudio tiene dos aspectos.  Por un lado, percibimos en el mundo actual una acelerada imposición del poder económico, politico y militar de unas pocas naciones ricas sobre otros países cada vez menos capaces de defender su propio bienestar.  Al mismo tiempo, oímos insistentes voces que anuncian a victoriosos y vencidos por igual, que no existe alternativa a esta evolución de las relaciones sobre la tierra.  Es más, esta única ruta hacia el futuro, según sus proponentes, lejos de ser un avasallamiento, representa más bien un camino de mayor libertad y bienestar para todos.  Muchas personas quedamos pasmadas ante tal tergiversación de datos ampliamente difundidos sobre los efectos funestos de la globalización económica en proceso.  Aun menos aceptable para personas que confesamos nuestra fe en Jesús como el Cristo, es el lenguaje sacralizante que a menudo esgrimen los ideólogos del partido político actualmente en el poder dentro de los Estados Unidos para bautizar sus acciones. 

 

¿Cómo hacer frente a esta campaña de conquista global, con sus consecuencias tan funestas para la vida de personas y pueblos de otras latitudes?  Entre los textos bíblicos que vienen a la mente,  pensaríamos primero, tal vez, en las narraciones del Antiguo Testamento donde actúan personajes y potencias políticas en escenarios que van desde intrigas de palacio hasta sangrientas batallas, con todo su acompañamiento ideológico y religioso que justifica las acciones tomadas.  Igualmente podríamos volcar nuestra atención al fuertísimo enfrentamiento de Jesús con las autoridades judías y romanas de su entorno.  Las experiencias relatadas en el libro de Hechos, tanto de confrontación como de acomodo al poder vigente, revelan que los grupos cristianos, una minoría ínfima en el complejo panorama religioso y cultural del imperio romano, tuvieron que interpretar para sí mismos el fenómeno del poder político que ejercía un control absoluto sobre todo el mundo a su alcance.  En las cartas del Nuevo Testamento, y sobre todo en el Apocalipsis, encontramos ejemplos de este proceso interpretativo, que fundamenta su evaluación realista del poder dominante de su entorno en una cosmovisión en que fuerzas malignas operan a través de gobernantes y otras instancias de mando para aplastar y esclavizar a los pueblos y las personas.

 

Sugiero que examinemos una de las fuentes bíblicas que habla de la operación de poderes y autoridades, de ''principados y potestades'', como fuerzas malignas que pueden dominar y dañar la vida humana:  la carta a los Efesios[1], que no solo señala el problema del mal en el mundo sino que además exhorta a sus lectores y lectoras a confrontarlo.

 

En lugar de enfocar una iglesia local en particular, Efesios habla de la iglesia en sentido general, casi universal, aunque sí contempla que ésta tiene forma concreta en asambleas cristianas situadas dentro de la sociedad de Asia Menor.  La realidad eclesial que se refleja en Efesios ya no se caracteriza por una confrontación entre la ley y la gracia (cp. Gálatas y Romanos) sino por una convivencia tranquila entre ''circuncisos'' e ''incircuncisos'' en un solo pueblo (2.11-22).  Entre otros indicios que contiene la carta,


esta característica de las iglesias destinatarias sirve de base para ubicar su composición en la década de los 80 del primer siglo.

 

En el seno de estas comunidades cristianas sus miembros deben preocuparse por fortalecer la unidad lograda entre creyentes de herencia judía y otros de procedencia griega, al cultivar las actitudes y emprender las acciones que la conservarán y dinamizarán (4.1 – 5.20).  En el área de relaciones ''domésticas''[2], consideradas en la antigüedad como esenciales para la estabilidad social y política, el autor responsabiliza a los cristianos y cristianas de conducirse de acuerdo con una moral que no escandalice a sus contemporáneos pero que a la vez subvierta algunos de sus valores patriarcales (5.21 – 6.9). 

 

La primera sección de la carta (1.1 – 3.21) pone el fundamento para toda esta enseñanza y exhortación por medio de un recordatorio del proyecto salvador de Dios y la incorporación en él de las personas que han creído en Cristo.  Aunque la línea teológica presentada en estos capítulos guarda una estrecha relación con la teología de Gálatas y Romanos, en Efesios el marco que la encuadra es otro, muy distinto al marco judío que se ve en aquellas cartas tempranas.  Nos encontramos con una cosmovision extraña, que se expresa en un lenguaje que desconcierta a lectoras y lectores modernos.  Al poner atención a las características generales de la carta podemos conocer algo del mundo en que está inserta – no en el sentido de personajes o eventos como en el caso de otras epístolas del Nuevo Testamento – sino en cuanto al mundo de pensamento de los grupos destinatarios.

 

2.  El mundo conceptual de Efesios[3]

 

La cosmovisión que se percibe como el contexto de Efesios probablemente tiene sus raíces en una forma del judaísmo que se desarrolló en los tiempos postexílicos y que fue fuertemente influenciado por algunas corrientes del pensamiento helenístico muy comunes en el área de Efeso y Asia Menor en el primer siglo. 

 

Para los habitantes de esta cultura el cosmos estaba vivo, poblado por varios clases de seres espirituales[4] que habitaban una zona celestial intermedia entre la región lejana de una divinidad suprema y el mundo de los seres humanos.  Había, además, varias potencias mayores, representadas por las estrellas y los planetas.  Todos estos poderes determinaban en gran medida el curso de los eventos en la tierra y ejercían cierto control sobre la vida de las personas.  En el pensamiento judío que se desarrolló en estrecho contacto con la cultura helenística del Medio Oriente las potencias menores fueron interpretadas de dos maneras:  algunas se definieron como poderes angelicales que actuaban de acuerdo con la voluntad de Dios; otras, como poderes desobedientes a Dios que, por tanto, actuaban en contra del bien de los seres humanos y las naciones. 

 

En la cosmología del libro de Daniel, por ejemplo, hay varios casos donde la Septuaginta emplea términos aplicados por la cultura helenística a este tipo de seres intermediarios, y los identifica como potencias espirituales específicas relacionadas con los diferentes pueblos sobre la tierra.  En este sentido Miguel, el ángel de Israel, es llamado ''uno de los príncipes (arjontes) de primer rango'' (Dn 10.13) y pelea a favor de Israel en la batalla escatológica contra las naciones capitaneadas por espíritus malignos (cp. Dn. 10.20-21).[5]  Estos últimos cumplían la voluntad del diablo, personaje maléfico nombrado en Ef. 4.27 y 6.11.  En 2.2 este personaje es llamado ''el príncipe del poder del aire'' (traducción literal de o arjon tns exousias tou aeros), es decir, un espíritu poderoso que manda en toda la zona inferior del cosmos, la cual abarca la tierra y el espacio sublunar, el ''aire'' (aer).

 

Según la perspectiva que está detrás del testimonio presentado en Ef. 2.1-3, el maligno ejerce su influencia nociva sobre las personas impulsándoles a actuar egoístamente (2.2-3).  De esta manera el mal puede permear todas las obras y estructuras humanas, así como las relaciones interpersonales.  En la medida en que son animadas por el egoísmo y la avaricia (en tais epithmiais tes sarkos emon ''los deseos pecaminosos/la codicia de la carne'', 2.2), estas obras, estructuras y relaciones se desvirtúan y se desvían del camino del bien.  Se convierten en instrumentos del mal, destructivas de la vida humana. 

 

En todo este cuadro no toma importancia la figura de un dios supremo, aunque el concepto de una divinidad superior no estaba ausente del cuadro religioso-filosófico de la época.  Sin embargo, se consideraba que un dios supremo estaría, por definición, alejado de los asuntos del mundo material, incognoscible para los seres humanos.     

 

Ante un pueblo inmerso en una visión del cosmos donde las personas se consideraban presas de fuerzas superiores que manejaban las circunstancias del mundo a su antojo, Efesios les ofrece un antídoto elaborado en relación directa con elementos claves de esta cosmovisión.  Inyecta en ella un poderoso elemento que la relativiza y le quita su fuerza.  Este elemento que neutraliza el poder atribuido a las potencias celestiales maléficas es la imagen del Cristo resucitado de entre los muertos por el Dios supremo y cercano a la vez, quien, por un gran despliegue de fuerza, no solo rescató a Cristo de la muerte sino que ''lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio'', términos que se refieren a toda la serie de potencias supuestamente insuperables.  Y esta proeza obrada por Dios se ha hecho extensiva a las personas – meros seres humanos, antes títeres sujetos a los caprichos de tales potencias – quienes se unen a ''la iglesia, que es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo por completo'' (Ef. 1.22-23).  La reconocida cristología exaltada de Efesios encuentra su motivación precisamente en la polémica con una cosmovisión que exaltaba más bien a los poderes que dominaban y aplastaban la vida de los seres humanos.

 

La visión cósmica de Ef. 1.21-23 representa el punto culminante del proyecto de liberación que Dios lleva a cabo en un escenario humano y cósmico a la vez.  Pero frente a este despliegue de triunfo el problema del mal persiste; permea la experiencia de las personas y los pueblos.  Lo que se necesita es que aquella superación del poder del mal, lograda ya en la esfera ''celestial'', se realice también en forma concreta, en la vida humana dentro de la historia.  En los últimos siglos a.C. y el primer siglo d.C., los pueblos que vivieron bajo las fuertes presiones de poderosos imperios que dominaron su mundo percibieron en estos y otros males de su entorno la manifestación de potencias maléficas del cosmos, y se sintieron impotentes ante estos.  ¿Cómo liberarse del mal?  Respuestas a esta angustiante pregunta no faltaban.  Las prácticas mágicas, por ejemplo, ofrecían a las personas la esperanza de manipular las fuerzas espirituales para evitar su efecto nocivo – o encauzarlo hacia otra persona.  El camino del conocimiento de los secretos del mundo espiritual – que más tarde florecería en los sistemas gnósticos – se ensayaba en el siglo primero.  La iniciación en el misterio de algún dios o diosa protectora prometía la salvación de los caprichos funestos del destino. 

 

El autor de Efesios señala otra vía.  Frente al tétrico cuadro de egoísmo y avaricia que pintó en 2.1-3, empieza a esbozar cómo se liberaron, tanto él como sus lectores y lectoras, de aquel proyecto anti-vida.  Para vencer el poder del maligno sobre ellos, bastó que Dios – bondadoso – los uniera a su proyecto de vida en Cristo Jesús, y que ellos ingresaran en este plan al creer en él.  Este proyecto de Dios, de realizar en ellos su plan escatológco desde ahora, dentro de la experiencia humana en el mundo presente, conlleva necesariamente la realización, por parte de ellos, de obras compatibles con aquella bondad y contrarias a las de su vida anterior bajo el poder del maligno (Ef. 2.4-10).  En esto se manifiesta, ante todas aquellas potestades maléficas, la victoria que Dios ha ganado sobre ellos al liberar a sus cautivos y lograr que se acerquen libre y confiadamente a él (Ef. 3.10-12).  La iglesia, con su vivencia de unidad entre dos pueblos opuestos, habiendo dejado atrás el viejo egoísmo y la avaricia que les conducía a explotar a otros, se ha convertido en la prueba que desmiente el reclamo de las potencias maléficas de que ''no hay alternativa'' a su plan destructivo de dominio y avasallamiento.

 

3.  Resistir el mal    Ef. 6.10-17

 

     10Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.  11Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.  12Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.  13Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza.  14Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, 15y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz.  16Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con la cual pueden apagar toas las flechas encendidas del maligno.  17Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

     18Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.  Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.

                                                                                                                   Ef. 6.10-18    (NVI)

 

Después de nuestro repaso de las ideas sobre la existencia y la actividad de seres espirituales que encontramos repartidas en los primeros cuatro capítulos de Efesios, podemos entender por qué aparece en el capítulo 6 una fuerte advertencia a la comunidad cristiana sobre las fuerzas de maldad que amenazan al mundo y la urgente necesidad de que el pueblo cristiano luche con gran fuerza contra ellas (6.10-12). 

 

En los versículos que siguen, la lucha se define como una pelea cara a cara (pale en griego) que demanda una firme resistencia ante los constantes ataques astutos del contrincante.  Los verbos son de uso común en el campo semántico de la actividad militar:  stenai [6] ''resistir, hacer frente a, mantenerse firme'' (vv. 11, 13 y 14) evoca la escena de un campo de batalla donde los soldados deben ''retener una posición'' amenazada por el enemigo; con antistenai (v. 13) se ordena ''resistir, oponerse a'' las fuerzas enemigas; el uso militar de katergazomai (v.13) significa ''derrotar, vencer'' al enemigo. 

 

¿Qué es lo que justifica todo este empleo del vocabulario de guerra en una epístola que exalta la obra de Cristo, ''nuestra paz'', quien creó ''una nueva humanidad al hacer la paz'' entre pueblos enemistados y ''proclamó la paz'' a todos (Ef. 2.14-17)?  Lo que posibilitó esta obra de reconciliación, según la teología de Efesios, fue nada menos que la firme oposición de Jesucristo a la ley judía (2.15) en lo que atañe a su poder de condenar y castigar irremediablemente a los que por ignorancia, incapacidad u obstinación la desobedecen (2.2-3).  En el contexto histórico del pueblo judío en el primer siglo, este proyecto de liberación enfrentó a Jesús con todos los líderes del sistema judío que llevaban a cabo un proyecto de hegemonía politica y dominación económica.  Esta confrontación de Jesús con ''poderes, autoridades y potestades'' (6.12) que se manifestaban de esa manera en su entorno le costó la vida.  Su asesinato en una cruz (2.16; referencia histórica de la expresión ''la sangre de Cristo'' en 1.7 y 2.13) culminó su lucha y desenmascaró el poder maligno que puede instalarse aun en instancias otrora buenas, inclusive las que habían sido establecidas por Dios para el bienestar del pueblo, como fue el caso de la ley y el templo.  Reivindicada por la resurreción (1.19-21), la lucha de Jesucristo forma parte del plan que nace del amor de Dios (1.4; 2.4), de adoptar a toda la humanidad como hijos e hijas suyos (1.5-6), haciéndoles sus herederos y herederas (1.11, 14, 18; 3.6), partícipes de su bondad y gracia (1.7; 2.7-9).  Necesariamente los involucra también en la misma lucha contra el mal.

 

Las artimañas que emplean las fuerzas del mal apelarán a nuestro interés propio y nuestros deseos egoístas (Ef. 2.3) que tan facilmente frenan cualquier impulso a asumir el riesgo de resistir los poderes destructivos de la vida humana, sobre todo cuando su manifestación en el mundo de hoy es tan grande, multifacética y potente que parece invencible y, además, sin alternativa posible.  Para resistir el poder destructor liberado en el mundo actual por las fuerzas del mercado en alianza con el dominio político y militar, hay que discernir cómo se manifiestan estos poderes y por ende cómo se podrá entrar a batallar contra ellos.  Cuando el autor de Efesios emplea la figura de la armadura[7] necesaria para la lucha, nos ofrece una clave para descubrir cómo y dónde operan los poderes del mal en el mundo.  Si leemos ''el reverso'' de la descripción de las armas idóneas para luchar contra estos poderes, podemos discernir, como en un espejo, algo de su carácter y sus tácticas.  Al mismo tiempo esta metáfora de la armadura nos indicará cómo hay que resistir a las fuerzas sutiles del mal.  Las raíces de esta figura en el Antiguo Testamento nos ayudarán a percibir cuál es el objetivo o la utopía que se pretende lograr por medio de esta lucha. 

 

Es importante resaltar el hecho de que las cualidades señaladas por la armadura – la verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación, el apego a la palabra de Dios – no son simplemente virtudes personales que caracterizan la conducta de algunos individuos[8], sino que estas cualidades asumen acá una dimensión socio-política, por el papel que cumplen al desenmascarar la mentira, la injusticia, la guerra. 

 

El cinturón de la verdad

 

Es con la verdad que podremos montar una firme oposición contra la mentira, resistiendo su insidioso poder de socavar la integridad de personas y pueblos.  Tanto en el siglo primero como en el siglo 21, abundan las personas que procuran arruinar a otras personas o debilitar a todo un sector de la población montando campañas de insinuaciones mentirosas.  Por medio del encubrimiento de la corrupción y el crimen con un fuerte tejido de mentiras, hay poderosas empresas, instituciones y gobiernos enteros que han logrado quedar no solo impunes sino fortalecidos para continuar con sus acciones nefastas por largo tiempo.  Por esta razón se ha hecho imprescindible en muchos países, después de una costosa salida de una situación de estas, la formación de un comité de la verdad, investida de prestigio y encargada de descubrir y exponer ante todo el mundo lo que realmente pasó.  El solo hecho de conocer las verdaderas dimensiones y detalles del mal perpetrado en su contra ha ayudado a la gente en su lucha por superar los efectos desastrosos de estas situaciones.  También juegan un papel importante en la resistencia al poder de la mentira las investigaciones judiciales, parlamentarias y periodísticas que descorren el velo que tapa las artimañas de las fuerzas económicas, sociales y políticas que tergiversan la verdad de mil maneras con tal de sacar provecho de un publico engañado. 

 

Desde el nivel de la gran política internacional, donde las clases gobernantes encubren los verdaderos motivos de su dominio sobre otro pueblo o país, hasta el nivel de la calle, donde proxenetas y traficantes engañan a jovencitas y jovencitos para atraparlos en sus redes, la mentira va de la mano con la destrucción de la vida y el bienestar humano.  Esto sucede también en las relaciones interpersonales, aun en las más íntimas, cuando una de las partes emplea la mentira para imponerse o para manipular a la otra, en detrimento de su integridad personal.  En la formación de las personas dentro del pueblo cristiano, la voz de este texto exhorta a todos y todas a ceñirse a la verdad, a lidiar contra su propia tendencia de emplear la mentira para lograr sus propios deseos egoístas (cp. Ef. 2.3).

 

El deseo egoísta y la avaricia mueven también los crecientes negocios de la pornografía, que ahora asedia a toda persona – niños y niñas, jóvenes y personas mayores – que se conecta al correo electrónico.  Esta campaña perniciosa dejará secuelas, sobre todo en la niñez y la juventud, que perjudican el sano desarrollo de su sexualidad.  ¿Este mal estará entre lo que Efesios cataloga como ''artimañas del diablo''?  Cuando lo medimos con los criterios definidos por la armadura a tomar para resisitir esas artimañas, el arma de la verdad señala claramente que el cuadro del sexo promulgado por la pornografía es tan falso y mentiroso como nocivo.  La pregunta, entonces, se convierte en una cuestión de procedimiento:  ¿cómo oponernos firmemente a este mal que se llama pornografía, no simplemente a nivel personal sino especialmente en sus dimensiones sociales, económicas y hasta técnológicas?  El educar y orientar en la verdad a los niños, niñas y jóvenes de nuestro contexto inmediato será una parte importante, pero solo una parte de la batalla.  Para que la verdad venza la mentira de la pornografía, se necesitará trazar y desarrollar programas eficaces de comunicación al público en general.  Además, habrá que investigar y divulgar la verdad sobre los intereses económicos que están detrás del negocio de la pornografía.  Otro aspecto de la tarea será la divulgación de la verdad sobre las víctimas que cobra este negocio, algunas de las cuales son niños y niñas de corta edad.

 

Pocos ejemplos vienen más rápido a la mente cuando de mentiras se trata que la industria de la publicidad.  En la sociedad de consumo del mundo rico que muchos intentan imitar en nuestros países, las campañas publicitarias son vitales para estimular la compra constante de toda clase de bienes y servicios.  Aunque la mentira juega su rol en la descripción de los productos, más dañina para muchas personas será la manipulación psicológica que las convence que todo lo pueden adquirir al tener una tarjeta de crédito, cuando el negocio del crédito sabe que la mayor parte de nuestra población no posee las condiciones económicas necesarias para el gasto inicial de sus compras, ni mucho menos para los altísimos intereses que se les va a cobrar sobre su deuda.  ''Con la tarjeta Diner´s Club todas las puertas se te abren'' – con toda una fanfarria orquestal de fondo y un servidor zalamero en primer plano que te pasa adelante por la puerta grande . . . y estás enganchado.  Publicar la verdad con estadísticas sobre tarjetas suspendidas e historias verídicas de familias en bancarrota será uno de los pocos caminos a tomar para ayudarles a las personas a resistir las mentiras y la manipulación de esta industria.

 


La coraza de la justicia

 

La justicia pone al descubierto la injusticia.  Con esto discernimos otra faceta de las fuerzas del mal en el mundo y preguntamos por cuáles medios la injusticia se instala y se manifiesta en una sociedad, un país o el conjunto de las naciones . . . o aun en un hoagar, una institucion o una iglesia. 

 

En el ámbito cercano de la vida familiar surgen conductas injustas lastimosamente comunes, muchas de ellas basadas en la dominación por parte de un miembro del hogar que se arroga el derecho de coartar la libertad de pensamiento y acción de otra persona.  Puede manifiestarse en el caso de una madre ''protectora'' del hijo o la hija, hasta el punto de crear en él o ella una dependencia emocional, imponiendo su propia voluntad en vez de guiar a su hijo o hija hacia la independencia de criterio y conducta.  Abundan los casos:  un padre que, en aras de la autoridad paternal, rehusa dialogar con sus hijos e hijas sino se impone sobre ellos y ellas; un esposo dominante que se adueña de la personalidad de su esposa; una mujer que manipula a su esposo o sus hijos para lograr cosas para sí misma; un exnovio que mata a su exnovia con tal de no verla con otro.  Las comunidades cristianas, llamadas a mantenerse firmes del lado de la justicia, tienen una fuerte responsabilidad en el área de las relaciones en la familia, ya que la iglesia local es uno de los pocos lugares en la sociedad actual donde participan familias enteras.  ¿Cómo podrá la iglesia enfrentar y resistir el mal en la familia?  Las ciencias de la conducta humana proveen herramientas que nos ayudan a detectar la injusticia tanto en las estructuras familiares como en la conducta particular de sus miembros, y para crear formas de reorientar las relaciones perjudiciales para la vida de una familia y sus miembros.

 

A las personas que tienen la vista agudizada por su apego a la justicia, no les cuesta percibir los muchos casos de injusticia en la sociedad.  El mal se manifiesta en situaciones injustas como la discriminación contra ciertos grupos étnicos distintos dentro de la población, la marginación y explotación de los pobres, el abuso de niñas y niños y la discriminación por género o por orientación sexual.  Son males tan difundidos que la pregunta por cómo encararlos resulta dificil de formular y de responder.  El surgimiento de las organizaciones que defienden los derechos humanos señala un camino prometdor que se transita ya.  Por esto mismo, no es del todo sorprendente que el movimiento de los derechos humanos suscita oposición de parte de entidades e intereses que se preocupan mayormente por el orden impuesto a la fuerza.  En este sentido la Iglesia Presbiteriana de Colombia, en setiembre de 2003, alertó a ''Iglesias, organizaciones ecuménicas, amigos y amigas'' respecto a declaraciones recientes del presidente de Colombia, el señor Alvaro Uribe, quien acusa a los defensores de los derechos humanos de tener ideas políticas que los identifican con los grupos guerrilleros y que los grupos de derechos humanos son en realidad defensores del terrorismo.  Inquietos por la violencia que tales declaraciones pueden desatar en contra de las personas que trabajan en defensa de multitudes de personas inocentes que sufren, los representantes de la Iglesia Presbiteriana de Colombia manifiestan ante el mundo esta tergiversación de la verdad y este acto de injusticia contra los que buscan cumplir las palabras de Jesús en Jn. 10.10, ''yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.  El pastor que firma la carta de alerta, secretario ejecutivo del sínodo, junto con sus hermanos y hermanas que participan en la Comision Intereclesial de Justicia y Paz, encarnan la respuesta a las exhortaciones de Ef. 6.10-17 de mantenerse firmes en su resistencia al poder del mal cuando anuncian que ''al comprometernos a seguir fielmente el evangelio, somos conscientes de que corremos el riesgo de sufrir persecución, calumnia, condenación injusta y la misma muerte que sufrió Jesús''.  Se han ceñido con la verdad y la justicia, dispuestos(as) a proclamar, por medio de su trabajo, el evangelio de la paz, fortalecidos(as) por la fe y la salvación.  Frente a una insidiosa artimaña nueva, calculada precisamente para debilitarlos, esgrimen una palabra dada por Dios y se confían a las oraciones de los creyentes.

 

En las estructuras económicas y políticas nacionales e internacionales también se instala la injusticia, en perjuicio de grandes sectores dentro de un país y dentro del conjunto de países de nuestro hemisferio.  En las apuradas rondas de la negociación actual de un tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y los países de Mesoamérica abundan los ejemplos de trato injusto y de consecuencias injustas para la economía de nuestros países y sus pequeños productores, que deberán competir en condiciones cada vez más desiguales con el país más rico del mundo.  El criterio de la justicia saca a la luz el trato injusto cuando los Estados Unidos insiste en que los países de Mesoamérica eliminen los aranceles aplicados a ciertos productos suyos, que entonces entrarían a nuestros países con un costo para el consumidor muy por debajo del precio del mismo producto producido aquí.  Nos preguntamos cómo es posible que algo producido en un país desarrollado cueste menos que otro igual producido aquí.  La respuesta se presenta insistentemente en las salas de reunión de la Organización Mundial del Comercio, y se grita en las calles frente a las barreras policiales:  los países ricos se dan el lujo de subsidiar a sus productores.  Es mas, el análisis de estos subsidios, defendidos a menudo en la política interna norteamericana como un apoyo a las familias agrícolas (''family farms'') revela que es un porcentaje ínfimo de los subsidios que llega a este sector cada vez más reducido.  Son las grandes corporaciones agrícolas las que se llevan el dinero y logran, por medio de constantes presiones políticas, que estas regalías se mantengan.  ¿Como luchar contra este mal en el mundo?  Basados en el concepto bíblico de justicia a favor de la parte más débil o empobrecida de la sociedad, surgen grupos cristianos para responder a este desafío, organizando una resistencia informada y divulgadora de la información, para aumentar el peso de la oposición a prácticas injustas.  Al mismo tiempo estos grupos deberán mantenerse vigilantes sobre la posible intromisión de productores grandes y ricos de nuestros propios países, que posiblemente buscan una alianza estratégica no para apoyar al pobre sino para aprovecharse de su lucha.  Aqui se ve cómo el criterio de la verdad tendrá que trabajar junto con el de la justicia.

 

Con el criterio de la justicia se puede analizar también el caso de la producción del café en todo el mundo tropical y su comercialización en los países desarrollados.  La crisis de este sector, que dura dos décadas ya, reviste sus propias características injustas a nivel internacional, principalmente en un fuerte sesgo a favor de la parte del negocio ubicada dentro de los países consumidores.  Según un análisis reciente de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia[9], en la década de los 80 un 30% del valor total del negocio mundial del café quedaba con los productores, pero ahora, a principios del nuevo milenio, esta cifra ha bajado a menos del 9%.  Este negocio que genera cada vez más ingresos para los países ricos genera simultáneamente más empobrecimiento en los países que producen el grano de oro . . . oro que termina mayormente – y crecientemente – en las cuentas bancarias del mundo rico.  Mientras se sigue con las presiones en instancias como la Organización Internacional del Café y otras, la resistencia al mal que se percibe en el sector económico del café – y de muchos otros productos – llevará a inventar también propuestas  novedosas, como, por ejemplo, el esfuerzo por lanzar una globalización desde abajo, en que se propone forjar alianzas entre trabajadores(as) de la producción en nuestros países y trabajadores(as) de la elaboración o la comercialización en los países desarrollados, quienes también pueden estar excluidos(as) de una justa participacion en la ganancia total.

 

La injusticia puede ocurrir también en el nivel de la micro-economía, cuando el patrón de una pequeña empresa rehusa inscribir a sus empleados en los programas de salud y pensiones del Seguro Social, o cuando paga salarios por debajo del mínimo de ley, aprovechándose del hecho de que los trabajadores y trabajadoras necesitan desesperadamente el empleo y por tanto no van a poner una queja contra él.  Puede ser que algunos de estos patronos y patronas están en nuestras iglesias.  ¿Cómo, entonces, hacer frente a este mal?  La formación cristiana en el área de la justicia social no ha sido una prioridad en el desarrollo histórico de la mayoría de los grupos evangélicos.  Ha faltado voluntad y capacidad para reconocer el desafío urgente de una atención pastoral en esta área.  En la enseñanza bíblica se toca poco el tema de la justicia social.  Tradicionalmente, el texto de nuestra reflexión, Ef. 6.10-17, ha sido pasado por alto.  Sin embargo, en años recientes este texto ha atraído el interés de sectores de tipo neopentecostal y otros, que lo han interpretado de una manera espiritualizada que conduce a la práctica del exorcismo de personas ''poseídas por demonios'' y a una ''guerra espiritual'' contra espíritus malignos que se supone residen en los diferentes países y ciudades.   ¿Será que este desvío es un resultado de las mismas artimañas que procuran neutralizar la capacidad de cualquier grupo para resistir la injusticia que campea en la sociedad?  No hay demonios o espíritus malignos que se llamen "Globalización'' o ''Libre Comercio'' que puedan ser exorcizados así no más. 

 

La pregunta de fondo persiste: ¿cómo resistir, desde dentro de las comunidades cristianas, la injusticia?  La enseñanza e interpretación de la Bíblia ha sido fundamental para motivar y mobilizar a los grupos y los individuos dentro de las iglesias.  Sin embargo, en temas nuevos (por ejemplo, la violencia doméstica) hemos visto que el conocimiento y análisis de casos concretos de la realidad cotidiana contribuye a inquietar a las personas y motivarlas a buscar nuevas luces en su estudio bíblico.  Para hacer frente a la injusticia social, el conocimiento de casos (para comenzar, solo casos que no toquen directamente a los presentes) podrá ser clave para iniciar el camino hacia actitudes que desembocarán más tarde en acciones de resistencia.

 

Calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz

 

¿El evangelio que se proclama desde púlpitos y pantallas evangélicas tendrá alguna relación con la paz en una dimensión más amplia que la paz interior que sienten las personas al abrazar la salvación en Cristo?  No cabe duda de que las iglesias, compuestas por personas que tienen esta experiencia de paz e integración en su vida personal, deben ser capaces de percibir la necesidad de paz en el mundo y de emprender acciones a favor de ella.  Con la orientación de un texto como Ef. 6.10-17, las comunidades cristianas podrán discernir algo acerca de las fuerzas que obstaculizan la paz y cómo operan con base en la mentira y la injusticia.  Los escenarios a considerar van desde la delincuencia común y la inseguridad ciudadana que ésta genera (agravada ahora en algunos países por la presencia de ''maras'' o pandillas juveniles) hasta la prolongada guerra de guerrillas en un país como Colombia.  La globalización de la información pone el escenario internacional sobre nuestra agenda también, exigiendo que analicemos, desde la perspectiva del evangelio de la paz, no solo los hechos que ocurren en lugares como el Medio Oriente, el sudeste asiático, los países africanos, Europa y todos los países de nuestro hemisferio, sino que exige también que analicemos los reportajes mismos y su posible sesgo a favor del país que los auspicia. 

 

El evangelio, tal como lo proclamaba Pablo dentro del corazón del imperio romano, teniendo la casa por carcel, significa las buenas nuevas acerca de Jesús y el reino de Dios (Hch. 28.30).  Comunica el amor de Dios y su aceptación de toda persona que acude a él con fe en Cristo (Ef. 2.6-9), la aceptación mutua en la comunidad (Ef. 2.14) y el servicio a los más excluidos en su necesidad de justicia y bienestar (Lc. 4.18-20).  Un evangelio tal nos hace confrontar el hecho de que las naciones involucradas en los conflictos más candentes – Palestina, Israel, Estados Unidos en Iraq – reclaman todos que Dios y su justicia están de su lado exclusivamente.  Frente a este panorama, ¿qué significará proclamar y trabajar por la paz, tal como se expresa en el evangelio de Jesús?  Muchas cosas que no podemos imaginar desde acá, seguramente.  Otras sí, y estas serán las cosas que hemos visto como esenciales en nuestros escenarios de guerra interna, de violencia estructural y opresión sistemática de la población más vulnerable.  En lugares como Guatemala se logró, con el aporte de misiones de paz de las Naciones Unidas y otras, la firma de importantes acuerdos de paz que cerraron décadas de guerra.  Ahora se necesitan procesos de seguimiento que velen por el cumplimiento de los acuerdos, con el fin de evitar que la situación vuelva a su estado anterior y el ciclo de opresión y violencia comience de nuevo.  Como demuestra el caso colombiano de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, la paz con justicia que se ve en el evangelio puede involucrar un costo alto en la vida de las personas que la proclaman por su compromiso con esta obra.

 

Hay importantes situaciones de conflicto un poco menos dramáticas, como una huelga de trabajadores y trabajadoras, o una protesta organizada de sectores pobres contra condiciones económicas que los ahogan.  Frente a estos conflictos pastores y lideres que proclaman el evangelio dentro de sus iglesias han mostrado por medio de su presencia en la calle y en las mesas de negociación que este mismo evangelio tiene mucho que contribuir al bienestar y la integridad de la vida general de su ciudad y país.  Como participantes permanentes del pueblo local, estos pastores, pastoras y líderes, junto con otras personas de sus iglesias, podrán  mantener su compromiso de trabajar por el bien de la sociedad no solo en momentos de conflicto y protesta sino también a través de todo el tiempo necesario para asegurar la corrección de lo que anda mal.  La iglesia será el lugar donde adquieren la fuerza provista por la fe, una fuerza que podrá mantener su motivación y su compromiso por mucho tiempo.

 

El escudo de la fe ... el casco de la salvación ... la espada del Espiritu, la palabra de Dios     

 

La ferocidad que podrá adquirir la lucha contra el poder del mal en el mundo se descubre en estas tres imágenes de la armadura necesaria para llevarla a cabo.  Aquí se ve también la única figura de las armas usadas contra las personas que se atreven a resistir las fuerzas del mal:  las ''flechas encendidas'' (Ef. 6.16), o sea, proyectiles militares de alto potencial destructivo en su época.  ¿Cómo mantenerse firme ante las amenazas de muerte que se lanzan contra grupos e individuos que trabajan por la verdad, la paz y la justicia?  Estos ataques tienen el propósito de intimidarlos y debilitarlos de tal forma que pierdan la esperanza de frenar en alguna medida la injusticia y no luchen más contra el mal.  Es la fuerza de su fe lo que puede escudarles frente a estos ataques, no como una varita mágica que haga desaparecer el peligro sino como una protección del ánimo, del centro de su integridad personal, en su comunión íntima con Dios por su unión con Cristo, su salvador (Ef. 3.16-17).  Porque la salvación significa esto, que el Espiritu de Dios habita en el creyente, la creyente, para sostenerle en todo momento y darle una esperanza que va más allá de las luchas inacabadas y la extinción de su propia existencia en el mundo.

 

Se trata no solamente de casos de intimidación de personas particulares sino, en el escenario mundial, de la amenaza de muerte que pende sobre grandes sectores pobres y no tan pobres cuando, por ejemplo, los acuerdos del comercio internacional dictan la desaparición local de sus medios de subsistencia.  Conocidos también son los casos donde, al interior de sociedades autoritarias, las personas que se atreven a oponerse a la fuerza opresora corren el riesgo de ser excluidas de cualquier participación en la vida económica y social. 

 

En todo, la fe que sostiene al creyente en la lucha contra el mal en el mundo se alimenta de la palabra que Dios ha comunicadoa su pueblo.  Según el primer capítulo de Efesios, se le asegura a los creyentes en Cristo que, por su unión con él, son partícipes de su triunfo sobre todos los poderes del mal.  Ef. 6 señala que las fuerzas del mal no son irresistibles y que Dios llama a su pueblo a luchar contra ellas.  Siguiendo el hilo de la metáfora con la cual se comunica esto, preguntamos de qué manera la palabra de Dios sirve de arma en la lucha contra el mal.  Limitándonos a lo más básico, reconocemos que el mensaje acerca de la vida, muerte y resurrección de Jesús, con su demostración de lo que es el reino de Dios, comunica a los cristianos y las cristianas los criterios necesarios para discernir lo que pasa en el mundo a su alrededor:  dónde se promocionan los valores del reino en la sociedad, es decir, dónde está Dios a la obra y, por el contrario, cuáles son las fuerzas que se oponen a esta obra.  Además, el mensaje acerca de Jesucristo sirve de guia para la acción de los cristianos y las cristianas en el mundo; nos convida a conducirnos de acuerdo con los valores de su reino:  el amor radical, la paz con justicia, la verdad incondicional.  Solo con estas armas podemos resistir el mal en el mundo.

 

 

 



[1] En los mejores textos griegos de Ef. 1.1 faltan las palabras ''en Efeso''.  Esta carta podría corresponder a la carta a Laodicea recomendada a los colosenses para su lectura (Col. 4.16 ).

[2] ''Domésticas'' en el sentido de la ''casa'' antigua, una unidad de producción donde un padre – patriarca y patrón – gobierna sobre su esposa, sus hijos con sus esposas y su ''familia'' de esclavos, esclavas y clientes.

[3] Para más información sobre el tema, ver :  Helmut Köster, Introducción al Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme, 1988), págs. 192ss; Stephen Charles Mott, Etica bíblica ycambio social (Grand Rapids/Buenos Aires:  Nueva Creación, 1995), págs. 3-21; Enrique Piñero, ''El marco religioso del cristianismo primitivo'', en Orígenes del cristianismo (Córdoba:  El Almendro, 1991), págs. 49-50;  Irene Foulkes, ''Dioses y démones'', en Problemas pastorales en Corinto (San José:  DEI/SEBILA, 1996), págs.268-270; 

[4] Entre los muchos términos griegos aplicados a estos seres están los siguientes, según el orden en que aparecen en Efesios (la traducción indicada para cada uno es la que recibe en la NVI; la traducción de estos términos varía mucho de una versión bíblica a otra): 1.21  arje gobierno, exousia autoridad, dynamis autoridad, kyriotes dominio;  2.2  arjon el que gobierna;  6.12  kosmokrátores, potestades.  Tradicionalmente se ha referido al conjunto de estos y otros términos con la expresón "los principados y las potestades'', por su traducción en Ef. 6.12, versión Reina-Valera.

[5] Ver también Dn. 8.10, con su visión de ''los poderes (dynameis) del cielo'' alcanzados y humillados por el cuerno pequeño, figura de un poderoso gobernante maligno.  La imagen de guerra en los cielos entre espíritus representantes de las naciones (ángeles buenos o malos) aparece también en el Nuevo Testamento; cp. Apoc. 12.7-9.

[6] El aoristo 2o de istano e istemi tiene sentido intransitivo.

[7] Esta metáfora tiene su trasfondo en la literatura profética y sapiencial judía; cp. Is.59.17 y Sab. 5.17-20. 

[8] Reconocemos, sin embargo, que la conducta bondadosa y ''virtuosa'' de los creyentes fue revolucionaria para sus contemporáneos dentro de la sociedad grecorromana de los primeros siglos.  Cp. N. O. Míguez, ''Pablo y la revolución cristiana del primer siglo'', Cuadernos Teológicos, Vol. X, #1 (1989), págs. 67-80.

[9] Reportado por la agencia EFE y publicado por La Nación (Costa Rica) 15/9/03, en su sección Economía, p. 11.

 

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Cometarios (3)   Agregar Comentario
Re: La lucha contra principados y potestades según Efes. 6:10-17, por Dra Irene Foulkes    Por rblandon el 07/09/2011
La biblia nos dice q oremos donde quiera q vallamos, que pidamos por ayuda, fuerzas, entendimiento,etc. cuando vallas caminando hacia tu trabajo, la escuela, etc. asi nos mantendremos alejados d este mundo de perdicion.<br>http://www.diostube.com/category/lucha-contra-el-maligno

Re: La lucha contra principados y potestades según Efes. 6:10-17, por Dra Irene Foulkes    Por luciano julian belen el 28/05/2012
Dios le bendiga! podemos nosotros de manera particular pelear contra principados?

Re: La lucha contra principados y potestades según Efes. 6:10-17, por Dra Irene Foulkes    Por robert tovar el 21/06/2012
muy bueno por la explicacion, pienso que deveria explicarse de manera clara los conceptos de todos, es decir que es PRINCIPADOS, POTESTADES, GOBERNADORES y el orden gerarquico que ellos representan


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